domingo, 11 de julio de 2010

En ciernes se asoma la distancia
que asemeja un vuelo rapaz
hacia lo negro,
o alcántara de cenizas.

Sí puedo, aún,
ser cierto a pesar de los infames,
y probar que vivo alimentado de valores
pero nunca de hechos miserables
o mentiras malcriadas.

Si no puedo,
tiendo la mesa que guarda el segundo atroz
en el cual cae de pie,
ahogado de mí, techo único,
la palabra abandonada,
o el ave que me pesa,
aún herida, visceral y rompiente,
contra el acantilado,
de la ausencia infinita,
o este no poder hallar las cosas,
que me sumerge en el saber
que a veces intento
ser otro
porque sino
muero.

sábado, 19 de junio de 2010

Tarde

Regabas mis raíces con pantano negro y caliente, hasta ahogarlas.
Fingiendo sonreir amablemente a mis flores, tejías a mi espalda vientos de espanto.

Alguna vez creí pacientemente, casi todas, demasiadas, en las mentiras de tu piel de ceniza.
Y confié ingenuamente, casi todas, demasiadas, mi cuerpo herido a tus dagas de odio
escondido.

Sé, ahora, que nombrando nubes y truenos de emergencia esquivaste el sol brindando sus brazos, o que pensabas paredes encalladas ante la inminencia de un viaje hacia la alegría.
Y que entonces, subrepticiamente, separabas los caminos, para vestirlos cruelmente de distancia.

martes, 11 de mayo de 2010

devenires

Hoy vamos a comer juntos los últimos cigarrillos.
Cenaremos nubes crocantes de malicia,
y beberemos algo de vino de ausencia.

Hoy vamos a comer juntos
el tiempo maldecido,
la degradación de las sonrisas,
el precipicio de la traición.

Hoy vamos a comer juntos,
hasta llenarnos de mierda.
(Mañana el cuerpo sabrá empezar a eliminar toxinas
y tal vez el alma asomará de su caverna).

Si la esperanza es lo último que se pierde,
hoy ceno con ella.
Luego dormiremos juntos,
escupiendo pesadillas.

Al despertar será otro día, otra herida de espera,
y torceremos rumbos con la inquietud viajera.

¿Nos llamaremos olvido, deseo de otra tierra?
¿O encontraremos el aroma de nuestra piel,
ya no extranjera?

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Con sus manos como grietas,
caminaba apoyándose en las paredes,
herido certeramente de un costado.
Era su costado más amable,
sangrando de mentiras ajenas.

Subió con dificultad la escalera para ir al dormitorio,
y se encontró con la costumbre de no ser el mismo.
Después tomó un trago, un sorbo de desgracia,
y se envalentonó para entrar a las frías sábanas.

Herido de un costado, con los ojos abiertos,
se midió con las huellas del techo.
Se dijo ayer, hoy, mañana...
y se prestó a dormir.

Pero el sueño estaba ausente.

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Voy y yo,
frente a frente,
o mejor de costado,
mirándonos atentamente.

Vos y yo,
con las sospechas en la alfombra
y nuestro pies sobre ellas.

Vos y yo,
así,
con nuestros brazos llamándose la atención.

Voy y yo,
sinceros y sin miedo,
sin cruces ni demonios,
albergando solamente lo nuestro.

Vos y yo,
sin amarras ni desvelo,
sin garras que nos lastimen
ni caminos de encierro.

Vos y yo,
por fin,
compañeros del mismo viaje.

domingo, 2 de mayo de 2010

desde el fondo del aire

Necesito irme ¿pero adónde? Escribir la última carta ¿a quién? a quién si no comprenden? hablan otro idioma que me mintieron (una de las tantas...) era el mismo...
Y me necesito, una última, fundamental, imprescindible vez, en un lugar y un tiempo.

Quien se dijo novia se llevó sin permiso mis piedras de libre albedrío, y amigos ya no hay, se fueron detrás ella...

¿Irme a la muerte?, tal vez, mi vecina...otra vez se presenta, otra vez la toco.
¿permanecer entre tinieblas o dar un paso más?

No es broma, aclaro, nunca lo escrito fue broma, ni lo otro,
lo dicho,
lo avisado,
lo pactado.

No quise llegar hasta aquí, no fue facil, encima me trajeron.

Pero se presenta Artaud y dice:
"Nadie nunca se suicida solo...para que el cuerpo se decida al acto contra natura de privarse de su propia vida se necesita un ejército de seres malditos"

Es verdad...entonces...se me plantea ahora no darles el gusto.
Me queda claro que el día (muy probablemente la noche) que claudique será porque no me quedan fuerzas.
Mientras tanto doy pelea, me lo aseguro.

Otra vez la bisagra, la elección, el desasosiego.

¿Continuará?

jueves, 8 de abril de 2010

para tomar conciencia

no trates como no te gusta que te traten
detén la catástrofe
La naturaleza no es recicable

martes, 9 de marzo de 2010

para trabajar


Krishnamurti, segunda conferencia en Rajahmundry, India, 27 de Noviembre de 1949

“Para comprender todo este problema de la existencia en la que hay constante lucha, dolor, constante desacuerdo, frustración, debemos comprender el proceso de la mente, y esa comprensión es conocimiento propio. Después de todo, si no sé pensar ¿qué base tengo para pensar realmente? Tengo que conocerme a mí mismo.
Y la comprensión de uno mismo no es cosa separada del mundo, porque el mundo está donde uno está, no a millas de distancia; el mundo es la comunidad en la que vives, sus influencias ambientales, la sociedad que has creado –todo eso es el mundo-.
Y en ese mundo, a menos que se comprendan a ustedes mismo, no puede haber transformación radical ni revolución, y por lo mismo ninguna “creatividad” individual. No se asusten con la palabra “revolución”. Es realmente una palabra maravillosa, de tremendo significado, si saben lo que ella quiere decir. Pero la mayoría de nosotros no quieren cambio, resisten al cambio; nos gustaría una continuidad modificada de lo que es, a la que se llama “revolución” pero que no lo es. La revolución podrá producirse –y es esencial que ocurra tal revolución- tan sólo cuando como individuos unos se comprendan a otros en relación con la sociedad, y por lo tanto haya transformación, y tal revolución no sea momentánea sino constante.
La vida es, pues, una serie de contradicciones, y sin comprender esas contradicciones no puede haber paz. Es indispensable tener paz, seguridad física, para vivir, para crear. Pero todo lo que hacemos parece contradecirlo, y para comprender esa contradicción debemos enfrentarnos con nosotros mismos, no en teoría sino tal como somos, ni previas conclusiones, lo agradable y asimismo lo desagradable, cosa que requiere capacidad para mirar correctamente lo que es; y no podremos comprender lo que es si condenamos, si nos identificamos, si justificamos.
Debemos mirarnos a nosotros mismos como miramos a aquel hombre que camina por la carretera; y eso requiere abierta percepción, alerta percepción, no en algún nivel extraordinario sino percepción de lo que somos, de nuestro lenguaje, de nuestras reacciones, de nuestra relación con los bienes, con la gente pobre, con el mendigo, con hombre de letras, etc.
La alerta percepción debe empezar a ese nivel, porque para ir lejos se debe empezar cerca, pero la mayoría de nosotros no estamos dispuesto a ello. Es mucho más fácil –por lo menos así lo creemos- empezar lejos, lo cual es eludir lo cercano. Todos tenemos ideales, somos parte de evasiones, y esa es la maldición de las religiones “escapistas”. Esto no requiere ningún extraordinario renunciamiento, sino un estado de alta sensibilidad, porque sólo en ese estado puede haber recepción de la verdad, que no es para quien es lerdo, para el holgazán, para el que no se da cuenta. Él nunca podrá encontrar la verdad. Pero quien empieza cerca, que se da cuenta de sus gestos, de sus palabras, de su manera de comer, de su modo de hablar, de las modalidades de su conducta, para él existe una posibilidad de ahondar muy extensivamente, muy ampliamente, en las causas del conflicto.
Quien quiere realmente buscar, conocer lo que es la verdad, o que quiera abrirse a ella, debe empezar muy cerca, sensibilizarse a sí mismo. Una mente así no persigue sus propios deseos, no rinde culto a un ideal de fabricación casera. Sólo entonces puede haber paz, pues una mente así empieza a descubrir que es inconmensurable.
(…) Cuando aman a alguien –no como amamos comúnmente a las personas, que sólo es un pensar en ellas-, cuando aman al prójimo completamente, íntegramente, entonces no hay ni ricos ni pobres, entonces son concientes de ustedes mismos. Entonces existe esa llama en la que no hay humo de celos, de envidia, de codicia.
Sólo esa revolución puede alimentar al mundo. A ustedes les incumbe producir esa revolución, no la revolución con sangre –lo cual es una continuidad modificada que impropiamente llamamos “revolución”- sino aquella que adviene cuando la mente ya no llena el corazón, cuando el pensamiento ya no ocupa el lugar del afecto. La mayoría de ustedes no es culta, sino simplemente leída, y viven con lo que aprendieron. Tal saber no produce transformación. Cuando el corazón está vacío de las cosas de la mente, sólo entonces esa llama de la realidad llega. Pero hay que ser capaz de recibirla.
Entonces será un mundo diferente, de valores diferentes, que no se basarán en la satisfacción monetaria.
Las palabras no son importantes, no alimentan a los hambrientos. Para mí las palabras no son importantes, sólo las empleo como medio de comunicación. Hablo para ver con ustedes claramente aquello que somos, y con esa percepción poder actuar claramente y con propósitos definidos. Sólo entonces habrá una posibilidad de acción cooperativa. Hablar tan sólo para divertirnos carece de valor, pero hablar para comprender a nosotros mismos, y así producir la transformación, es esencial.
(…) Tengo, pues, un problema. No deseo esquivarlo, no deseo una respuesta ni una conclusión. Quiero comprender, porque en el momento en el que comprendo algo estoy libre de ello ¿Necesito pasar por el proceso de autohipnotizarme a fin de comprender, o de ser hipnotizado por palabras forzando la mente a estar quieta? Por cierto que no.
Cuando tengo un problema, necesito comprenderlo y la comprensión llega cuando la mente ya no juzga el problema, es decir, cuando la mente puede considerar sin condenación ni justificación. Entonces la mente está quieta, no aquietada, y el problema se pone en claro. La verdad respecto del problema, por consiguiente, viene del problema mismo, y no se puede llegar a la verdad acerca del problema si se aborda con una conclusión, con una plegaria, con una súplica, que se interponga entre nosotros y el problema.